New Internationalist

Aquella Zona De La Muerte (spanish Version Of Into The Dead Zone)

Issue 317

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issue 317 - October 1999

The mosquito-free bus.
Entrando la Zona de Muerte

Centro América:
En Bananolandia las compañías dictan las leyes,
mientras se dispara y enevena a los trabajadores.

Feliciano El collector del bus está decidido a acabar con el mosquito. Busca aplastarlo con su mano sobre el trizado parabrisas, mientras que el autobus de colegio norteamericano - se da uno cuenta que es compra de segunda mano - se aleja traqueteando de Puerto Barrios, a lo largo de la Costa Caribena de Guatemala. ¿Pero qué hay de especial en todo esto? ¿No es esto, después de todo, un pantanal tropical, donde fácilmente los mosquitos podrían comerselo a uno vivo, y tomarse la molestia de deshacerse de uno parece no merecer la pena? Lo que es a mí, ni uno sólo me ha picado. Cabe mencionar la ausencia de pájaros. Y aquí tampoco hay signos de vida.

Por supuesto, con una gran excepción: los bananos. Miles, millones de bananos. Por kilómetros y kilómetros, las cerradas filas se asemejan a un ejército fuera de lugar, alineadas a lo largo de la ruta en grandes cuadrados numerados. Los grandes tallos parecen hirsutos soldados que visten un uniforme nada atractivo. Gruesas y pesadas Bolsas plásticas, como banderas neutras , flamean en la brisa densa. Terrenos amorfos donde el agua de los ríos corre entre diques a cierta distancia del suelo, y la tierra yace baja en una red de zanjas de drenaje. Grandes inversiones y grandes proyectos se han llevado a cabo en Guatemala. Nada de esto hubiese sido posible sin el esfuerzo de tantos y tantos trabajadores, cuyos huesos yacen en la tierra pudriéndose.

The packing plant at Alabama and Arizona before closure... Este es el territorio de Chiquita Brands de Cinncinati en la República de Guatemala - la compañía es una descendiente directa de la United Fruit Company -. La llamaban el 'pulpo', porque sus tentáculos invadían cada rincón de la vida del país. Establecida en 1899, la United Fruit Company fue pionera del cultivo bananero de plantación a gran escala, y en 1949 era propietaria de 3.5 millones de hectáreas de tierras en Jamaica, Cuba, la República Domincana, Panamá, Honduras, Nicaragua y Colombia. Sin embargo, sus más grandes dominios se situaban en Guatemala, siendo Puerto barrios de su propiedad, así como cada kilómetro de ferrocarril en el país.

En 1954, la United Fruit - guiada por el legendario hombre de relaciones públicas, Edward Bernays - se encargó de orquestar el apoyo de los EE.UU. para el derrocamiento de Jacobo Arbenz, cuyo gobierno, democráticamente electo, se había propuesto expropiar 200 mil hectáreas de tierras, así como apoyar las demandas de los trabajadores por un mejoramiento de los salarios y las condiciones laborales. El resultado final fue una violenta represioñ, y tal ha sido la enfermedad de Guatemala desde entonces. Ansiosos de distanciarse de la imagen en el sentido de la United Fruit estaba de hecho se dictaba la política exterior de los EE.UU., el gobierno de este país comenzó, en 1958, un proceso judicial contra el monopolio de la United Fruit Company, resultando en la creación de tres nuevas companías: Chiquita Brands, Dole Food Company y Del Monte Fresh Produce - actualmente conocidas como las Tres Gigantes. Estas no son más que los 'bebes' de la United, y el parecido familiar es muy difícil que pase desapercibido.(1)

Alabama y Arizona
Feliciano se sienta junto a mi lado en el bus. El me cuida a mí - pero no estoy nada seguro quién cuida de él. Digo esto ya que Feliciano es un activo dirigente sindical, cosa peligrosa en un lugar como este. Gentil y atento, mi acompanante se ha tomado la molestia de mostrarme algo de la vida en las plantaciones. Su familia trabaja en ellas desde hace 60 años. Su padre se retiró hace algún tiempo a una pequena chacra, en total pobreza, pero todos sus hermanos todavía trabajan en las plantaciones. ¿Y sus hijos pequenos, seguirán los mismos pasos de sus antecesores? Feliciano me mira a los ojos. Su mirada denota el miedo de quien teme que bien podría ser así - que el futuro podría parecerse al pasado y a un presente que tiene ansias de cambiar.

...after closure with Octaviano and Guillermo. El autobús se detiene. Repentinamente un hombre ataviado con una manchada chaqueta, sentado en lo que parece un palo de escoba, a unos tres metros del suelo, sale como un rayo de entre el bananal a un costado del camino, cruza flotando la calle a la vista de todo el mundo y desaparece internándose en el bananal, al otro lado de la calle. El collector del bus, que a esta altura ya se deshizo del mosquito, desciende del autobus y abre una barrera ferroviaria para que podamos continuar la marcha. Momentos más tarde, el hombre del palo de escoba hace una nueva aparición, esta vez con un palo en cada mano, los cuales maniobra a fin de alterar la posición de los racimos de bananos. El hombre se desplaza sostenido por el cable transportador, originalmente ideado para mobilizar la fruta, y todo esto entre la sombra y la luz de un sol que quema, como si fuera Tinkerbell en un escenario construido para Peter Pan.

"Hey!", grita de pronto Feliciano "Pensaba que no había nadie en esta plantación", refiriéndose a la finca Alabama y Arizona. "Bajémonos aquí y hablemos con ellos".

El autobús nos deja frente a un gran galpón oscuro de lata corrugada, la franja inferior del mismo levantada para permitir la ventilación. Adentro se pueden apreciar tanques de concreto vacíos, bancos hechos de cañerías, y otros restos archeológicos con de uso misterioso. Hay también una mesa de madera sobre cuya superficie se aprecia un tablero de ajedrez marcado con tinta negra. Situados a su lado, Octaviano y Guillermo nos observan desconfiados mientras nos acercamos.

"Estamos en la plantación Alabama y Arizona", dice Feliciano. "La finca pertenece a Victor Manuel Morales Haussler".

Me explica que Chiquita ha tratado de no responsabilizarse por las condiciones reinantes en sus plantaciones, y lo hace usando de cobertura a las compañías locales. Este tipo de práctica forma parte de un modelo utilizado por las transnacionales para traspasar los riesgos y las épocas de crisis a las pequenas empresas locales. Pero aquí no se hace tonto a nadie. Chiquita compro todos los bananos de la Alabama y Arizona. En la sección empaquetadora dejaron un poster con arrogantes y polvorientas instrucciones para los trabajadores.

"Esto sí que es pobreza!", dice Octaviano. "Pobreza total. No tenemos ni comida decente, o agua potable. Nos han cortado la electricidad y el agua. El agua la tenemos que sacar de los pozos y está contaminada. Nos están envenenando." En el temblor de su voz se podía percibir la fuerza frustrada de una historia que ha sido muchas veces contada, sin mayores resultados. A su lado, inmovil, un viejo lo escuchaba. "Aquí estamos sentados, esperando. Antes habían más de 200, entre hombres, mujeres y niños. Pero poco a poco empezaron a partir. Hoy quedamos alrededor de cien. Como le dije: estamos esperando".

"¿Y qué están esperando?", pregunto.

"Que algo suceda", responde Octaviano.

Una Horrible Herencia
"Todo comenzó con las mujeres", interrumpe Guillermo, quien repentinamente se ha animado. "Es la forma en que las trataban. Ellas trabajaban aquí en la planta empaquetadora. Tenían que usar substancias químicas en los tanques donde se lavan los bananos, y eso les producía enfermedades, provocándoles heridas en los pies. Todo el día trabajando, hasta tarde, hasta entrada la noche. Muchas son madres solteras, y no se les permitía ni siquiera amamantar a los bebés. Así, llegó el momento cuando simplemente no pudimos soportar más la situación."

"La única forma de protegernos era a través del sindicato" dijo Octaviano. "Andaban rondando muchos rumores. En la companía se estaban poniendo nerviosos. Parte de la plantación está al otro lado del río. Hay un puente para la correa transportadora, que nosotros usamos para llegar al trabajo. Vinieron con guardias armados y perros para impedir que cruzaramos el río, y así dividirnos. Entonces nos vimos obligados a cruzar en pequenos botes. El río, le aseguro, es sumamente muy peligroso. Algunas veces los guardias disparaban al agua para meternos susto. Después fuimos todos despedidos, y sin habernos pagado casi una semana de salarios".La compañía ha infringido las leyes laborales del país. El gobierno debería hacer cumplir la ley, pero no lo hace. Los tribunales siempre están del lado de las companías. Desde ese entonces esperamos que nos reintregren al trabajo"

"¿Cuándo pasó todo esto?", pregunto.

"En febrero", responde Guillermo.

"¿Hace seis meses entonces?, pregunto alarmado.

"No. Hace dieciocho meses ya". dice Octaviano.

Octaviano me lleva detrás de la planta empaquetadora. Hay tres filas de galpones de madera. La mayoría están cerrados, un grupo de niños salen tropezándose por una puerta abierta. Caminamos por detrás de la hilera de galpones y un poco más allá encontramos la comunidad que ha preferido quedarse, reunidos a la sombra de unos cuantos árboles. Un viejo en una hamaca lee, balanceándose. Octaviano me muestra las terribles condiciones sanitarias y los pozos de agua, saturados de substancias químicas provenientes de las plantaciones circundantes.

Algunos kilómetros más abajo llegamos a una aldea de mil habitantes. Todos trabajan en la finca La Inca - al final de la ruta del autobús, ya casi con la frontera de Honduras. Arboles enanos y unas chozas insignificantes hacen una línea a lo largo de la única calle, donde huele a pintura fresca color azul Pepsi Cola, siendo éste el color que prevalece en la aldea. Mientras yo y Feliciano la recorremos, nos sigue un hombre uniformado armado de una pistola. Detrás del hombre, un camión repartidor de la Pepsi avanza lentamente. En el pasado los niños, dirigidos por gangsters, asaltaban el camión. En Guatemala el valor de algo se juzga de acuerdo a cuán grande son las armas usadas para defenderlo.

[image, unknown] Al acercarnos, vemos primero a Francisco sentado en la entrada de la casa, mientras que sus dos hijas juguetean a su alrededor. Fransisco forma parte del comité ejecutivo del sindicato de la plantación La Inca. Con reticencia y parsimonia, las Tres Gigantes han decidido reconocer a los sindicatos en algunas de las plantaciones que éstas controlan. Feliciano piensa que el mejoramiento de las relaciones internacionales entre sindicatos bananeros, a principios de los años 90, ha tenido un marcado efecto. Sin embargo, la ley laboral guatemalteca sólo permite la formación de sindicatos en compañías individuales. De ahí que aquí haya un gran número de pequeños sindicatos - uno por cada finca de alrededor de 200 trabajadores, lo que al mismo tiempo explica que la comunicación entre sindicatos sea difícil.

La táctica de las armas pesadas
Francisco, Feliciano y yo tomamos asiento. Sólo hay dos sillas. Francisco se acomoda en una silla para niños, la cual cruje terriblemente bajo su peso. Ubaldo, un tipo inmenso y fuerte como un toro, acaba de terminar una jornada de ocho horas en la plantación, de ahí que su rostro muestre claras señales de cansancio. El hombre opta por echarse en una pequeñisima hamaca amarrada a dos árboles. Hablamos de las dificultades que enfrentan los trabajadores.

Salarios medios: $0.63 dólares por hora, $28 dólares a la semana. Los salarios fueron fijados hace tres años. Se tenía prevista una renegociación para el mes de agosto, pero las companías se han aprovechado de Mitch, el terrible huracán que azotó la región durante cuatro días en octubre pasado. Aunque el impacto devastador y la cantidad de víctimas fatales no alcanzaron los mismos niveles que en la vecina Honduras, los efectos fueron igualmente considerables: aquí los ríos se encargaron de arrazar puentes, dejando una secuela de casas rellenas de barro, piedras, troncos, y de plantaciones inundadas. Las compañías decidieron continuar con el último arreglo salarial; despidieron a miembros del sindicato de cuyo trabajo podían prescindir, justificando su acción en razón de los daños causados por el huracán Mitch.

En COBSA (empresa de cobertura de Dole) fueron un poco más lejos. Persuadieron a miembros del sindicato 'amarillo' de la companía para que interpusieran una querella contra el sindicato independiente, arguyendo que los miembros de éste último eran responsables de 'daños y perjuicios', por valor de $7.5 millones, que habrían sido perpetrados posteriormente al huracán Mitch. Guardias armados provistos de perros policiales se subieron incluso arriba de los techos, destruyendo los techos de sus viviendas y así forzar los trabajadores a abandonar la finca. Los tribunales extendieron órdenes de captura a 150 miembros del sindicato. La mayoría están todavía fugados, aunque entre los arrestados se encontraba un abogado de la Ciudad de Guatemala. En la realidad poco ayuda el hecho que su pasaporte prueba que se encontraba en Inglaterra participando en una conferencia internacional cuando los supuestos hechos de vandalismo tomaron lugar.

Justo antes que yo llegara a Puerto Barrios, una gran demostración había tenido lugar, y en una pared se podía leer: "somos trabajadores, no criminales".

En las calles pueden verse posters que advierten no entrar a las plantaciones cuando la fumigación áerea está en curso. Las Tres Gigantes constantemente afirman no realizar fumigaciones áereas cuando los trabajadores se encuentran en las plantaciones. Feliciano, Francisco y Ubaldo rien a destajo. Si los trabajadores salieran de las plantaciones cuando fumigan, no se cortaría ningún banano.

"Por la manana no es tan terrible", dice Ubaldo. "Pero cuando el calor aumenta, estas substancias químicas malolientas parece que suben con el aire caliente, y no queda más que aspirarlas. Se siente uno mareado y respirar se hace difícil"

"El doctor no es especialista sobre los efectos que provocan los químicos", agrega Francisco. " Yo mismo empecé a tener sangre de narices y problemas con mi vista. Fui entonces al doctor, y éste dijo que me encontraba perfectamente bien. Siempre estamos demandando que nos den ropas protectoras, y siempre repiten "pronto, están en camino". Es difícil inmaginar ropas que protejan realmente y que a la vez uno pueda soportar en este calor".

Pregunté de que químicos se trataba, pero no supieron responderme. Francisco trae un fajo de cintas azules de plástico, las cuales las ammarran a veces a los troncos de las plantas como substituto a las altamente tóxicas bolsas plásticas que protegen la planta durante su crecimiento. Me pide que las huela. El olor es francamente fétido. Me llevaré, bien envuelta, una de las cintas y trataré de investigar de qué substancia química se trata. Más adelante se los haré saber.(2)

Rezando en la oscuridad
Feliciano me ha dado una copia del pacto colectivo. Después de una larga y dura lucha lograron un acuerdo laboral con la administración de la plantación Pamaxan, donde trabaja. [image, unknown] A primera vista, el pacto es un documento bien intencionado que otorga un reconocimiento formal al sindicato. Pero mi asombro crece en la medida que lo voy leyendo. El documento contiene cláusulas que regulan casi todos los aspectos de la vida diaria de los trabajadores. No sólo las condiciones salariales y laborales, también lo que concierne a la educación, la salud, el aprovisionamiento eléctrico, la vivienda, el equipamiento de la cocina, el transporte, las actividades recreacionales, los libros para la bibloteca del sindicato, las camisetas de futbol, el número de pelotas de baloncesto que la companía comprará anualmente, los juguetes para los ninos, relojes, etc.

Miro a mi alrededor y me pregunto si hay algo - exceptuando el sindicato -que la compañía no tiene bajo su control en la Finca La Inca.

"Tampoco controlan la iglesia católica que se ve desde aquí", dice Francisco, indicando un galpón de madera al otro lado de la calle. "La compañía les ha negado incluso la electricidad, y por eso tienen que rezar en oscuro".

Le pregunto si come bananos de vez en cuando.

"¡Dios mío, no!", responde. "La gente en lugares como este no comen la fruta que cortan. Creemos saber lo que comemos".

Aunque el bebé salido del 'pulpo', que otrora fuera la United Fruit Company, necesitó 100 años para establecer una relación decente con los trabajadores de sus plantación, es difícil precisar donde se puede notar el progreso. Hay situaciones en que Chiquita parece adaptarse, como si no tuvieran que envenenar a sus trabajadores o pagar salarios vergonzosos. Pero se han quedado colgados. Siempre tienen que echar marcha atrás, dar mano a la cruda represión, sino se sienten que están a riesgo de colapsar. En verdad, a pesar de la apariencia exterior de una industria agrícola moderna y eficiente, este lugar es una total degracia industrial.

Este constante hablar de órdenes de captura, armas de fuego, perros policiales, trabajadores fugados, me trae a la mente una palabra que no quiero pronunciar porque no quiero herir sensibilidades. Todavía balanceándose en la pequeña hamaca, Ubaldo tiene mejor cara ahora, parece cansado pero relajado. Con su mirada fija en la distancia, reflexiona en silencio.

"Es esta condenada pobreza" , dice momentos más tarde. "Estamos atrapados. Pero esto tiene un nombre... ¿quiere usted saberlo?"

"Adelante, dígamelo", replico.

"Esclavitud", responde.

Exactamente la palabra que antes no quería nombrar.

Tenebrosa y obscura historia.

Hace ya tres años que los Acuerdos de Paz auspiciados por las Naciones Unidas fueron firmados en Guatemala, lo que significó el término formal de 40 años de violentos conflictos, con un saldo de 45.000 desaparecidos. Todo el mundo expresó su alivio por la firma de los Acuerdos. Pero el conflicto subyacente que afecta a este pais, permanece en gran parte, sin resolverse. Me refiero a la incesante persecución del movimiento laboral guatemalteco.

El sindicato UNSITRAGUA, con sede en la Ciudad de Guatemala, agrupa en su seno a alrededor de 74 sindicatos, en los cuales están representados trabajadores de una gran gama de empleos: de las fábricas maquilladoras, sector exportación, a los trabajadores agrícolas, incluidas las plantaciones bananeras. Hasta ahora opera en forma clandestina y sus activistas continuan siendo objeto de arrestos y asesinatos.

"Tenemos una dura, negra historia", declara Julio Coj de UNSITRAGUA. "Hablar no se podía, ni expresar lo que uno sentía y estaba sufriendo, si lo hacías te asesinaban inmediatamente. Pero pensamos que si continuamos cubriéndonos la cara, encubriendo nuestros nombres, significa que estamos avalando la impunidad que tanto el gobierno como los grandes empresarios se esfuerzan en matener."

Como se ve las cosas no han cambiado mucho. "La paz existe sólo en el papel; no es real ni concreta. Para una paz verdadera necesitamos un respeto pleno de los derechos sindicales y del derecho a la negociación colectiva". El gobierno no cumple el rol que le corresponde, el que consiste en harmonizar los intereses de los trabajadores con los de los empresarios. El gobierno continua privilegiando a las grandes empresas a expensas de la mayoría. Necesitamos un cambio radical de actitud en la mentalidad de los empresarios, pero especialmente a nivel de la justicia, la cual debería hacer cumplir la débil legislación que protege a los trabajadores, en conformidad con los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo. Pero tanto el gobierno como la justicia actúan de acuerdo al bolsillo de los grandes empresarios."

No se hace ilusiones en relación a las dificultades que se avecinan. " Lo que es crucial para los trabajadores es que el gobierno garantice el respeto de la ley por parte de las multinacionales. Actualmente, esto se hace más difícil porque la globalización le permite a las transnacionales producir lo que sea y donde sea, sin impedimentos. La tragedia es que este proceso está creando aún más pobreza en América Latina."

Para contactar UNSITRAGUA

9a Avenida 1-43, Zona 1, Ciudad de Guatemala, Guatemala, América Central, Tel/Fax: +502 238 2272, E-mail: unsitragua@pronet.net.gt

(1) Stephen Schlesinger y Stephen Kinzer, Bitter Fruit: The Untold Story of the American Coup in Guatemala/ La historia no contada del Golpe Norteamericano en Guatemala, Sinclair Browne, Londres, 1982.
(2) Todo indica que se trata del clorpirifos, un insecticida organo-fosfateado (OP) que produce trastornos en el sistema nervioso. Producido por la multinacional estadounidense Dow Elanco, el insecticida ha sido clasificado como "moderadamente peligrosos", Clase II, por la Organización Mundial de la Salud, y es usado en todo el mundo. Se cuenta entre los motivos de mayores envenamiemtos causados por insecticidas en EE.UU., pudiendo ser extremadamente dañino para los ojos, así como para la salud de los niños. Recientes investigaciones han identificado anormalidades en el sistema inmunológico en aquellos que entran en contacto con el insecticida clorpirifos. En 1997 la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU./US Environmental Protection Agency, prohibió su uso en juguetes, muebles y cortinas domésticas.
Fuentes: Lista de Componentes Activos. Fidelcomiso de Pesticidas, Londres, Septiembre, 1998.

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