New Internationalist

Sorprendidos En La Línea De Fuego (spanish Version Of Caught In The Crossfire)

Issue 317

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issue 317 - October 1999


Days gone by - a banana boat loads 'green gold' at Portsmouth, Dominica.
PHILIP WOLMUTH / PANOS PICTURES

Atrapados en fuego cruzado.
A través del Caribe y las Islas Barlovento los pequeños
productores de bananos abandonan la lucha.

"No queremos competir en un mercado codo a codo con Chiquita", afirma enfáticamente Gregory Shillingford, "pues significa competir con una fruta que no sabe bien, cuya producción demanda el uso de una gran cantidad de insumos químicos, y que usa mano de obra esclava. Tampoco queremos poner en peligro el entorno ambiental donde vivimos. Queremos promover salarios razonables para los trabajadores y una buena relación con los consumidores."

Si hay alguien en Dominica que tiene la capacidad de llevarlo a la práctica, esa persona es Gregory Shillingford; y creo no equivocarme. En su calidad de Director Ejecutivo de la Dominica Banana Marketing Corporation (DBMC)(Corporación Dominicana de Comercialización de Bananos), Gregory es una figura clave en la industria bananera de la isla, teniendo una gran responsabilidad sobre sus hombros. Los habitantes de esta isla dependen de manera fundamental de la exportación de bananos. Durante la última década, la industria bananera proporcionó alrededor de un 20% del Producto Nacional Bruto, un 60% de las exportaciones, y puestos de trabajo para quizás 10,000 personas, una porción considerable de la población laboral. Gregory Shillingford. La guerra de los bananos significa para Dominica - una de las Islas Barlovento (las otras son Santa Lucía, San Vincent, Las Islas Granadinas, y Grenada) - una pérdida mayor que para otros países. Ahora bien, ¿qué alternativas podrían reemplazar al comercio bananero? No hay solución fácil al respecto.

Aquí no se ven los niveles de pobreza y represión existentes en Guatemala. Al menos, entre la generación joven, el analfabetismo es virtualmente desconocido. La industria comenzó vendiendo a Gran Bretana en los anos 50. En aquel entonces la producción estaba a cargo de pequeños productores, lo que por primera vez les proporcionaba un ingreso semanal seguro. La industria dio nacimiento a una generación de 'niños bananeros', cuya educación estaba solventada por los ingresos que la venta de bananos proporcionada a los padres - y son éstos quienes actualmente gobiernan el país. Tal es el caso del Primer Ministro Edison James, quien antaño hacía el mismo trabajo que Gregory Shillingford.

Pero los bananos también significaron una fatal dependencia económica, un monocultivo de exportación que, ahora, inevitablemente, los está traicionando. La producción muestra un franco descenso. En años de apogeo, me cuenta Gregory Shillingford, 7,000 cultivaban 7,500 hectáreas que producían 72,000 toneladas de bananos de exportación. Luego, con la caída de precios, una sucesión de huracanes, y a partir de 1992, y con la introducción de un mercado único europeo más generalizado, comenzó el derrumbe. El año pasado, se exportaron sólo 28,000 toneladas, las cuales fueron producidas por 2,800 productores que cultivaron 3,500 hectáreas - una reducción de más de la mitad. Por esta razón se asiste al cierre de una variedad de almacenes que vendían artículos de primera necesidad, en su gran mayoría importados con dinero bananero.

Pero a pesar de todo esto la Unión Europea sigue manteniendo un régimen preferencial. Todas las Islas Barlovento gozan de una cuota libre de arancel de cerca de 287,000 toneladas de bananos. Sin embargo, se ha dado el caso que algunos años sólo han utilizado menos de mitad de la cuota total. O bien los productores no quieren cultivar bananos, o son incapaces de producirlos. Podría decirse que han decidido abandonar la batalla. Si el Régimen de Exportación Bananero es tan beneficioso, ¿por qué la presente situación?

En busca de los actores
Gregory Shillingford cuenta una historia significativa. Sólo 1,200 productores producen más de un 80% de la producción bananera en Dominica. Los 1,600 restantes dependen de la obligación de la DBMC para adquirir los bananos de la Isla. "No nos importa", dice, no plenamente convencido de sus palabras. "Pero lo que necesitamos es productores con visión comercial, no campesinos".

Por donde se lo mire Dennis Labassiere es un hombre de negocios. Además de senador y portavoz de la Casa del Parlamento (House of Assembly), posee un diploma universitario en administración de negocios y durante un tiempo fue director de una de las más grandes empresas productoras de cajas de bananos. Actualmente es propietario de una gran finca situada al noroeste de Dominica, la cual cuenta con 12 hectáreas de riego dedicadas a la producción de bananos, y es trabajada con mano de obra contratada. Tiene particular fé en que los consumidores de bananos caribenos en Europa y EE.UU. continuarán 'fielmente' comprando sus bananos. Quiere ver una reestructuración en la industria y terminar con lo que considera un subsidio cruzado inaceptable pues en este mecanismo los productores más eficientes financian a los más deficientes.

Irvince surveys his home in Carib territory. "Este juego hay que saberlo jugar", afirma. "Quien participa debe hacerlo de acuerdo a las reglas impuestas por el juego, y éste se desarrolla en el mercado mundial de acuerdo a las reglas de competencia. Muchos pequenos productores independientes no están en condiciones de competir."

"¿Y qué pueden hacer, entonces?, le pregunto.

"Retirarse, dejar de producir", responde. "Deben optar por diversificar, como yo lo he hecho."

Por eso Dennis ha abierto una línea de producción en el rubro de las flores (cortadas), que por el momento vende en el mercado regional, aunque le gustaría proveer a Mark & Spencer en Gran Bretaña. "Cuando vi los precios que se cobran por allá, me pregunté de inmediato qué hacía cultivando bananos", declara enfáticamente. También ha comenzado con la crianza de cerdos que gustosos devoran todos los bananos de deshecho.

Sin embargo, los pequenos productores dueños de sus tierras, no están en posición de tener que 'diversificar', simplemente por seguir la moda actual, y para quienes significa invertir en cultivos que, básicamente, pagan mal. Tales pequeños propietarios no son una mera característica pintoresca de la sociedad dominicana, son expresión íntima de su historia, otorgándoles una naturaleza idiosincrática, y a la vez testaruda pero nada pretensiosa, igualitaria, y periódicamente débil, dándole forma a este grupo humano.

En términos de territorio, Dominica es la más grande, pero la menos poblada de las Islas Barlovento. Temibles cimas de montanas, cubiertas todavía con un denso bosque tropical, se yerguen hirsutas entre las islas Martinica y Guadalupe. Planicies hay pocas, lo que explica el porqué Dominica nunca contara con las grandes plantaciones azucareras explotadoras de mano de obra esclava, y que amasaron inmensas fortunas para los colonizadores europeos de la región. La isla sirvió de refugio no sólo al pueblo Caribe, originario de la región - capaz de resistir la penetración europea más que cualquier otro pueblo indígena en las Américas - , sino también a los esclavos fugitivos, los "Marroons", y de hecho a fugitivos de todas clases, incluidos los 'realistas' que huían de la guerra de independencia norteamericana. Luego de la abolición de la esclavitud, los antiguos esclavos simplemente abandonaron las fincas, y se abocaron a la quema de áreas del bosque suficientemente grandes como para ser cultivadas por una familia - posiblemente alrededor de dos a tres hectáreas - lo que dio inicio a una agricultura de subsistencia en las fértiles faldas de las montanas.(1)

Nos desplazamos ahora a través de territorio Caribe. "Actualmente, una gran cantidad de pequeños productores, en especial los más antiguos, están abandonando el cultivo del banano, pues el negocio se está poniendo cada vez más difícil, excesivamente regimentado", declara Irvince Auguiste, al pasar frente a un descuidado grupo de plantas de banano en la falda de una empinada colina. Democráticamente elegido, Irvince fué durante diez años Cacique del territorio de los Caribes - "es como ser comandante", comenta. En 1902, los ingleses devolvieron más de 3,000 acres de tierra en la costa este de la isla, a un grupo de descendientes del precolombino pueblo Caribe. Actualmente, 3,700 de sus descendientes son propietarios comunes de la misma tierra, donde alrededor de 200 pequeños agricultores cultivan bananos. Su existencia sirve de advertencia para recordarnos - en caso de necesidad - que estamos en un lugar muy especial.

Los tiempos cambian
"Antes era mucho más simple", agrega Irvince. La diferencia con la situación en Guatemala no puede ser más honda. Aquí las plantas de bananos crecen entre palmeras, cacao, café, y el bosque omnipresente. "Antes la gente cultivaba bananos, pero les quedaba tiempo para desarrollar otras actividades. Hoy en día se necesita registrarlo todo. Si el productor quiere que lo consideren como productor certificado, y vender sus bananos a un precio decente, éste debe pasarse mucho tiempo dándole a las matemáticas y haciendo exactamente lo que se le exige. No hay tiempo para nada más.

"Además hay que ser capaz de recuperarse de los efectos de los huracanes que continuamente destruyen los cultivos. No hay que olvidar que los pequeños productores están sujetos a mucha incertidumbre. Para ellos no es posible garantizar el éxito de la cosecha, ni predecir el próximo huracán, o si habrá cosecha o no. No es como tener un salario regular. Es muy fácil contraer deudas, puesto que hay que invertir en los cultivos antes de las cosechas. Algunas veces deciden no producir más bananos, y más tarde, cuando se enfrentan a la situación de no poder ganarse la vida en otra actividad, recomienzan con los bananos. Mi padre era productor bananero, y yo las acarreaba en mi cabeza cuando niño. Pero yo no soy productor. Sin embargo, recientemente, me están atacando las dudas."

Una ahoyada camioneta grande y roja se aproxima a gran velocidad justo cuando alcanzamos una curva en U. Irvince saluda a un conductor que apenas se divisa por arriba del manubrio; la camioneta frena con un chirrido y el conductor baja su ventana. La mujer jadea un poco e Irvince intercambia algunas palabras con ella.

"Es Balene Fredrick", dice, mientras la camioneta se aleja. "Viene de dejar por un momento el juego de cricket para chequear cómo están los niños. Sabe Ud. que ella es una de nuestros mejores productores bananeros. Volvamos y conversemos con ella". Irvince hace girar su furgoneta y salimos a la siga. Llegamos a la próxima curva, pero Balene ya se ha hecho humo. "Qué mujer", dice Irvince, incapaz de alcanzarla, "y eso que acaba de aprender a conducir".

Balene Fredrick in her packing shed. Balene y tres de sus hijos están esperando en la bodega de lata que se levanta junto a la calle. Cada pequeño productor posee una bodega de enpaquetamiento similar a ésta. Hermosos racimos de bananos recién cortados se pueden apreciar en las repisas de un estante, organizados de acuerdo al tamaño y portando la etiqueta de Geest. A un lado se aprecia una caja de Geest a medio llenar. Frente a un banco hay un gran bolo de plástico que contiene una especie de lavazas, pues aquí también se utilizan substancias químicas, aunque en forma mucho más moderada que en Guatemala. Un póster en la pared trasera de la bodega contiene gráficos explicativos relativos al ciclo de producción, de acuerdo a un código basado en el color del banano en sus diferentes etapas de desarrollo. Por la manera de tocar los bananos se da uno cuenta cuan importantes son para ella.

Le pregunto qué tipo de ganancia le reporta la venta de la fruta. "Justo lo necesario para mantener a los niños. Sabe Ud. la ropa, la comida y el colegio cuestan mucho dinero", dice. Y agrega que "preferiría no tener que cultivar bananos". "Esto nunca termina, y todo hay que hacerlo correctamente. La cosa se está poniendo cada vez más dura, parece que ganásemos cada día menos.Pero así son las cosas".

Percibo que comienza molestarle la conversación. Después de todo es domingo por la tarde y se debe morir de ganas de volver a la partida de cricket, aunque es demasiado cortés como para decírmelo.

"Sugirieron que 'diversificara', que tratara de plantar algo adicional aparte de los bananos. Me imagino que querían decir que no habría mucho futuro con los bananos. Entonces planté dos acres de jengibre. Cuando vino el tiempo de la cosecha no pude venderlas. Eso fue un verdadero desastre. Así no me queda otra cosa que continuar con los bananos. "

¿Forgeando el futuro?
"Por favor, David", me dice Irvince, al tiempo que el sol comienza a ponerse en este lugar encantado, 'Ud. no debe llevarse la impresión que los Caribes estamos perdidos. Tenemos problemas, seguro que tenemos problemas, pero ¿quién no los tiene? No, no, no. Aquí estamos forgeando el futuro, lo que significa que vamos a estar en condiciones de hacer dinero, y le confieso que, según se dice y se supone por ahí, hacer dinero no es para los Caribes."

Tiene la cabeza llena de proyectos: bastones de cricket fabricados de tallos de hojas de cocoteros; refugios básicos provistos de hamacas y lámparas de petróleo, cabañas para turistas adinerados, "a aquellos que les gustaría bajar a la tierra, pero con suavidad y a sus anchas" Se muestra escéptico sobre las propuestas oficiales de construir una 'aldea modelo a la Caribe', donde se trataría que su comunidad realice algún tipo de presentación. No, él y sus asociados están en condiciones de dar al visitante el gusto más fuerte de la fruta de la pasión.

Turismo: la solución que en todas partes parece ventearse:. Es cierto que la Isla es uno de los lugares más hermosos que yo jamás haya visto. Pero también es cierto que Dominica atrae a pocos turistas. Me temo, sin embargo, que ambos aspectos están relacionados. La Isla no posee un aeropuerto para aviones comerciales, y por lo mismo no existen canchas de golf, casinos o "cadenas de hoteles". Playas de arenas blancas o lagunas azules, no las hay muchas. Y si las hay se encuentran muy separadas unas de las otras. Se están tomando medidas necesarias para introducir el ecoturismo, y esto como una manera de complementar la imagen que la Isla Dominica tiene de si misma como "tesoro de la naturaleza." Un tranvía a través del bosque tropical está en construcción, para servir un ecoturismo algo menos atlético.

Existen serios planes para la construcción de un aeropuerto internacional. De llevarse cabo, significará la destrucción de docenas de casas, un colegio y grandes áreas de tierras agrícolas relativamente planas. Además, acarreará el endeudamiento de la gente de esta Isla, así como las increíbles tensiones, las labores extenuantes y las discordias que conllevan la ejecución de tales proyectos. Y es muy posible que tengan que vender la tierra para construir hoteles y campos de golf, y que terminen vistiéndose con ropas de mayordomo y aprendiendo a ser serviles. Es difícil imaginarse cómo el turismo masivo pueda beneficiar a la masa de los isleños - y al mismo tiempo adaptarse a la idiosincrasia y disposición de esta gente.

Una posibilidad que está en discusión, me comenta Gregory Shilingford, es la introducción de bananos orgánicos de comercio equitativo. Ya van más de cinco años que alrededor de 15,000 acres de tierras bananeras han estado en barbecho (por lo que están libres de contaminación química), y los productores son propietarios de la tierra. Lo que hace que el potencial esté ahí. Hasta el momento, sin embargo, nadie ha tomado el paso decisivo. Quizás, pero sólo quizás, un futuro diferente le espera a este extraordinario lugar, que todavía tiene que desenmaranarse de su historia.

Francamente sería terrible contemplar otra alternativa.

1 Lennox Honychurch, The Dominica Story D A History of the Island, Macmillan Education, London, 1995.

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